Mostrando entradas con la etiqueta ARTICULOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ARTICULOS. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de junio de 2008


Un diálogo posible entre Psicoanálisis y Medicina China


En un artículo publicado recientemente por la revista Imago-Agenda (1) la Dra. Teresa Yuan (Psicoanalista practicante del hospital Anding de Beijing, China), reseña brevemente el avance del psicoanálisis en las sociedades chinas (China continental, Hong Kong, Tailandia) A partir de su introducción alrededor de 1910.
En China los conceptos de inconsciente, conflicto psíquico, afecto, síntoma han sido, como todo lo que proviene de occidente, recibidos, estudiados e interrogados. El pensamiento chino es, en si mismo abarcativo, acepta aquello que puede resultarle útil y descarta o adapta lo inútil, permitiéndole convivir armónicamente con El Taoísmo, El Budismo, El Confucionismo, El comunismo y hasta el Capitalismo.
Sin embargo, esta cultura, que se mantiene erguida gracias a esa verdadera columna vertebral que constituye su modo de pensar el mundo, sufre los efectos cada vez más notorios del capitalismo mundial globalizado y la economía de mercado: angustia y frustración por la polarización en el status económico de sus habitantes; frustración y temor por causa de la regulación demográfica que permitió el crecimiento económico sostenido pero demolió la tradición (los chinos solían tener muchos hijos como reaseguro para la vejez; la ley del único hijo llena de incertidumbre al ciudadano común que deposita excesivas expectativas en ese hijo); presión e incertidumbre en los jóvenes que reciben sobre sí el peso de una sociedad confucionista (obediencia al mandato paterno) comunista en su moral y capitalista en sus acciones. Los planes de salud mental oficiales contemplan Settings Psiquiátricos y psicológicos, servicios telefónicos de consulta y la propia psiquiatría china, sustentada por la medicina tradicional; farmacopea, acupuntura, moxibustión, ejercicios, masajes, etc.
¿Qué puede aportar el psicoanálisis a la medicina china?
Escucha, esencialmente, escucha. Cuando un trabajador chino, aquejado por distintos síntomas físicos y angustia, porque su hijo no es un buen estudiante y por tanto no obtendrá un trabajo ventajoso al llegar a la adultez, descuidando así el futuro de sus progenitores (la moral confucionista señala que los hijos deben hacerse cargo de sus padres al llegar estos a la ancianidad), decide recurrir a un hospital público, el médico, tras auscultarlo diagnosticará el desequilibrio y aplicará agujas de acupuntura en los puntos que considere necesarios para regular la energía del paciente; es poco lo que el psiquiatra comparte con el sujeto doliente y menos aún lo que éste le dirá; la relación terapéutica es de confianza: en el médico, en el decir del paciente y en la tradición médica: “El enfermo debe confiar en el médico, mantenerse esperanzado y actuar de acuerdo a los consejos de éste” (2)
El psicoanálisis provee a la cultura china dos elementos que su psiquiatría no posee: la posibilidad de hablar y ser escuchado.
Pero, ¿Qué sucede si invertimos la pregunta y nos interrogamos acerca de lo que puede aportar la psiquiatría tradicional china a practicante y paciente de psicoanálisis?.
La medicina china considera que psique y soma son una totalidad que proviene de la misma naturaleza: el cuerpo humano es un conjunto orgánico íntegro de forma (lo anatómico, fisiológico) y Shen (todas las actividades vitales incluido el ánimo, el pensamiento y las otras acciones de la mente), que funciona sincronizado con las fuerzas de la naturaleza. La ruptura del equilibrio entre xing (forma), Shen (espíritu) y naturaleza, determina la aparición de la enfermedad.
También el psicoanálisis considera la interacción psique-soma y, sin ir más lejos, Pichón Rivière nos señala que la conducta Humana es el resultado de la interacción entre las áreas de la mente, el cuerpo y el mundo externo.
Psiquiatría china y psicoanálisis consideran el problema del conflicto psíquico en términos de cargas energéticas: el psicoanálisis considera al cuerpo como el escenario donde se desarrolla el drama de la mente; la medicina china considera a los órganos corporales como poseedores de un “espíritu”: mente y cuerpo son el escenario simultáneo donde se presenta un único drama: el de la enfermedad. Desde este punto de vista, la diferencia es sustancial: la lógica del funcionamiento psíquico responde al esquema neurológico del arco reflejo (recibir energía, transformarla en acción para disminuir la tensión del circuito). El movimiento general del psiquismo Freudiano obedece a este principio orientado hacia la descarga total de la tensión (de más está decirlo esta descarga es hipotética e imposible de lograr: la energía proveniente de las pulsiones no se agota, produciendo una alternancia entre placer-displacer generadora de las neurosis).
La psiquiatría utiliza la noción de energía (Qi) en un sentido mucho más amplio: “no hay en medicina china tradicional espíritu separado del cuerpo (···) el estado subjetivo del ser viviente es el reflejo del estado objetivo de estos órganos y sus funciones (···) el hombre no es más que la conciencia avanzada de la materia”. (3) en suma, la actividad del cuerpo permite la actividad psíquica de las personas, pero no la engendra, sino que simplemente la alimenta. Pero la noción de Qi no se limita al cuerpo; en un sentido amplio, es el conjunto de energía y sustancias que están presentes en la naturaleza y en el ser humano. Siendo la energía vital, el Qi está presente en todas las manifestaciones de la naturaleza, es el elemento fundamental en la constitución del universo, capaz de producir todas las cosas gracias a sus movimientos y transformaciones. Por lo tanto, un psiquiatra chino nunca se plantearía una hipotética descarga de la energía psíquica: la tensión (producto de la hiperactividad de un órgano) no debe descargarse: “donde exista un exceso de energía, esta debe ser tornada al órgano deficiente en ella” (4). Si hallamos un órgano “lleno”, seguramente existe otro que se encuentra “vacío” : la energía debe conducirse a éste para garantizar el equilibrio funcional, nunca dispersarse o descargarse.
Para el psicoanálisis, el aparato psíquico es una estructura estratificada en capas sucesivas; pensamos en la primera o segunda tópicas, la lógica es idéntica.
El psiquismo, para la medicina tradicional china, no posee ni estratos, ni capas sucesivas, es el resultado de distintas formas de energía que se generan unas a otras y se interrelacionan y dominan a partir de una lógica a la vez casual, sucesiva y contigua.
Shen, la conciencia organizadora, que se expresa en el conjunto de las funciones orgánicas, habita adentro de uno de los cinco órganos principales: el corazón (que no debe entenderse en un sentido material, sino como un sistema energético complejo). Shen coordina el psiquismo, es responsable, a la vez, de la conciencia, la inteligencia emotiva, la coherencia y la alegría. Cuando se encuentra desequilibrado hallamos estados de euforia, incoherencia y confusión.
Shen se expresa bajo cinco aspectos: el primero ya lo conocemos; es el Shen de corazón. La segunda es el Hum del hígado, que genera proyectos proporciona su riqueza al inconsciente (sueños, deseos); se relaciona con los instintos heredados, las pulsiones, las pasiones, la imaginación y el acto creativo. Su emoción asociada es la ira que aparece bajo la forma de sueños violentos, pesadillas, proyectos excesivos y delirantes, imaginación desbordada he impulsos incontrolables.
Po, en relación con el pulmón, es la parte más corporal de la conciencia, que determina las acciones y reacciones del organismo destinadas a la supervivencia; se expresa a través de actos instintivos primarios (succión, deglución, etc.). Po es el depósito de todo aquello que la conciencia (en el sentido Freudiano) no puede recordar; lo inconsciente. Su emoción es la tristeza y su deficiencia provoca, entre otras cosas, estados obsesivos con miedo al futuro.
Yi, en relación con el bazo, es responsable del registro de las experiencias, su clasificación y conservación, es decir, el pensamiento y la memoria. Su emoción es la nostalgia y su exceso, la obsesión: repetición incansable de sucesos que permanecen en la memoria.
Zhi, es el quinto aspecto del Shen; emerge de la energía de los riñones y su fuerza es la voluntad, la determinación, la capacidad de llevar a cabo una intención. Aporta autoridad y afirmación al YO; su deficiencia produce miedo y sometimiento; su exceso temeridad, autoritarismo y obstinación.
La actividad funcional de órganos y entrañas depende de las inducciones que le son transmitidas a partir de estos “espíritus viscérales” cada uno de las cuales se encarga de un aspecto particular de la personalidad.
Fantasía y sexualidad, conceptos fundantes del psicoanálisis son analizados desde la medicina china: la fantasía es el producto del Hum, la entidad visceral que sustenta energéticamente al hígado. Hum percibe, clasifica hechos, pero, conjuntamente domina la intuición y la imaginación. La fantasía producto secundario de la imaginación se nos presenta como un ordenador de los sueños. La ira, emoción propia del hígado (y por tanto asociada a Hum) se relaciona con la frustración que proviene de los deseos insatisfechos (físicos, psíquicos o intelectuales). Si estos no se satisfacen convenientemente se produce un fenómeno conocido como “irritación interna” primera etapa de la ira, que tenderá hacia la inhibición o la expresión paroxística: la ira es el resultado del desacuerdo entre fantasía y realidad; muchas enfermedades psicosomáticas (disfunciones hepáticas, hipertensión, migrañas o estados depresivos) provienen de este desacuerdo.
La sexualidad, pulsión básica del psiquismo se encuentra representada en el incesante intercambio de tres entidades y sus órganos: Zhi (riñón), Hum (hígado) y Shen (corazón).
El riñón, soporte de la función sexual, aporta la energía de los ancestros (el jing o esencia) y el sustento material de la reproducción: el óvulo y los espermatozoides: Zhi aporta la voluntad para avanzar hacia el objeto de deseo, también el impulso básico reproductivo. Un exceso de miedo (emoción del riñón) puede producir inhibiciones sexuales; y el desfasaje de Zhi, ciertas formas de perversidad.
El hígado, reservorio de la sangre en la medicina china, aporta la irrigación sanguínea y el Qi necesarios para mantener la erección en el hombre y “calentar la puerta de Jade”, la vagina, en la mujer. Hum proporciona el deseo y la fantasía. Shen, asimismo, provee del “fuego de la pasión” el amor necesario para que el acto sea pleno.
Si ahondamos las relaciones existentes entre las cinco entidades veremos como ciertas estructuras complejas de personalidad pueden explicarse fácilmente: a modo de ejemplo consideremos un individuo que presente un exceso de Po (instintos) y de Zhi (voluntad) asociado a un déficit de Shen (inteligencia); este será una persona cuyo autoritarismo reposa sobre las pasiones instintivas. Por el contrario, quien posea un Shen (inteligencia) y Yi (pensamiento-memoria) equilibrados, será capaz de discernir correctamente; si Yi se desequilibrara, inteligencia y discernimiento quedarían atrapados por pensamientos obsesivos y reiterativos.
Según los médicos chinos, en psicoanálisis trata sólo dos entidades y desequilibra las otras: al pedir al paciente la libre asociación, Shen se desordena notoriamente abandonando su doble control afectivo-intelectual y al bucear en acontecimientos pasados se produce una plenitud de Yi (memoria) que margina al sujeto del presente. La posición de poder del analista (sujeto supuesto saber) anula el Zhi (voluntad) del paciente. Un exceso de reflexión sin voluntad impide el paso a la acción.
Analizaremos a continuación un caso clínico: la relación vincular entre una hija, ya mayor de edad y su madre anciana; imposibilitada de escapar al alzo materno la hija permanece ligada a su madre sintiéndose frustrada e infeliz. Ambas rechazan la posibilidad de una terapia analítica.
Un análisis detallado mostrará que la madre sufre un exceso de Zhi de riñón, factor que la convierte en autoritaria, obstinada e inflexible. El origen de este exceso puede hallarse en la entidad que la antecede, el Po de pulmón que gobierna los aspectos instintivos de la conducta. El miedo a lo que no se puede controlar (cuerpo, pulsiones, instintos), y esencialmente el miedo a los deseos sexuales (riñón=sexualidad), se traduce en un desequilibrio que genera primero miedo, después pánico y para evitar este último un feroz control de la voluntad que se traduce en el manejo del mundo exterior, es decir, de su propia hija.
La hija victima pasiva que solo se revela a partir de síntomas asmáticos, oculta sentimientos violentos no expresados: la ira, sentimiento de Hum se encuentra en desequilibrio por un déficit de Zhi y un marcado estado de miedo irracional; también aquí el origen está en Po, en los instintos que el autoritarismo materno busca controlar. Los síntomas físicos nos orientan claramente: disfunciones hepático- biliares (Hum), asma (Po), dolores lumbares y de rodilla (Zhi). La terapéutica aplicada consistió en tres sesiones semanales de acupuntura. En la hija se tonificaron pulmón y riñón; en la madre se tonificó el pulmón y se sedó el riñón. Tres meses más tarde, la hija inició un tratamiento analítico clásico y comenzó una carrera universitaria. La madre continúo con una sesión semanal de acupuntura y comenzó a centrarse en sus propios intereses.
El caso nos demuestra que en psicoterapia no está todo dicho. La psiquiatría tradicional china nos permite pensar otros aspectos de lo que, como analistas, vivimos pensando. Es sumamente útil en casos en los que el paciente rechaza los tratamientos ortodoxos, librando aspectos de la personalidad que tardan muchos años de terapia para manifestarse. La mayoría de las veces permite la reducción e incluso eliminación de psicofármacos. Síntomas recurrentes que el análisis tarda en desandar pueden ser remitidos en pocas semanas.
En síntesis es otro elemento en la caja de herramientas del analista, que permite la escritura de una página más en le diálogo Occidente-Oriente.

Daniel Capanna.

Notas:
1.- Teresa Yuan. “El psicoanálisis contemporáneo en las sociedades de la cultura china”. Revista Imago-Agenda Nº 86; verano 04/05.
2.- Ye Chenggu. “Tratamiento de las enfermedades mentales por acupuntura y moxibustión”. Ediciones lenguas extranjeras. Beijing. 1992.
3.- Robert Chin-Aili Chin. “La psicología en China Popular”. Ediciones lenguas extranjeras. Beijing. 1980.
4.- Wu Wei Ping. “Acupuntura China”. Editorial Yug. México. 1979.

sábado, 10 de mayo de 2008


El crisantemo y la espada
(Acerca de las estructuras perversas en Mishima)


El crisantemo y la espada son, al decir de Yukio Mishima, los símbolos que definen la esencia de la cultura japonesa. El crisantemo representa las leyes y las artes; la espada, el estricto código de honor japonés representado por el Bushido (Camino del hombre de armas) un refinamiento que contempla las normas que rigen el vivir y morir del Bushi (Guerrero Samurai), su heroísmo y fidelidad al Daymo (Señor Feudal) y al Mikado (Emperador)
En la antigua tradición Samurai, el ideal de hombre se resume en tres kanjis (Ideogramas): Zen, Ken, Shu... La meditación, la espada y la pintura. El guerrero practica la meditación sobre la vida y la muerte, una actitud de frío desapego ante ambas: Sakura, la flor del cerezo, representa la vida del Samurai... dispuesto a morir por su señor (La flor del cerezo es sencilla, bella... y sobrevive muy poco tiempo en el árbol). La espada, el manejo de la katana (Espada curva) de la cual depende la existencia del guerrero, y que, llegado el caso puede convertirse en instrumento de autoinmolación para limpiar su honor (Seppuku: suicidio ritual que no debe confundirse con el harakiri, muerte deshonrosa reservada a los funcionarios corruptos). Por último, la pintura y la escritura: en Japón el hombre de letras es a la vez un artista que con su pincel plasma en la belleza de sus kanjis, la meditación, la pintura y la poesía.
El Bushi no es sólo un militar, es un hombre que representa los más altos valores del Japón tradicional.
Los valores de la cultura occidental son sumamente diferentes. Se ha dicho que la cultura occidental es una “Cultura del pecado” (Culpa), mientras que la japonesa lo es de la “Vergüenza”. Esta diferencia marca un abismo difícil de soslayar en la interpretación psicoanalítica de un artista japonés. Para comprender esta diferencia, nada mejor que escuchar las palabras del propio Mishima: “Hoy se pretende prescindir de todas las normas de conducta tradicionales, y el japonés moderno descubre que al mismo tiempo ha perdido la base para una moral. En nuestro corazones, tantos siglos templados en el código del Samurai, ha brotado una extraña paradoja: sin etiqueta no tenemos moral.” (Prólogo a “Jóvenes Samurais” documento fotográfico sobre las artes marciales japonesas)
La quiebra voluntaria o involuntaria de las normas de cortesía, urbanidad o etiqueta constituye una de las mayores vergüenzas que se paga con la pérdida del honor (Y el honor, sólo se lava con el Seppuku).
Yukio Mishima (Kimitake Hiraoka; el pseudónimo lo elige el autor siendo adolescente: Mishima es un pequeño pueblo al pié del Monte Fuji; El Kanji y la resonancia del nombre Yukio sugieren la imagen de la nieve.) Nació en 1925 y se practicó el Seppuku en un confuso episodio a los 45 años, en 1970. Fue uno de los artistas más importantes del Japón moderno y una notable influencia en la literatura europea de los años `60. su obra constituye un puente innegable entre la “Cultura de la vergüenza” nipona y la “Cultura de la culpa” europea: intelectual comprometido con las tradiciones de su pueblo es, al mismo tiempo, el más europeo de los japoneses.
Antes de emprender el estudio psicoanalítico de su vida y obra se impone una aclaración: la máscara con la cual Mishima enfrenta su existencia se encuentra teñida por sus conocimientos en materia de psicología, psiquiatría y psicoanálisis... nada en él parece casual o marcado por el azar.
Durante los años `50, Japón conoce el psicoanálisis pero nunca termina de asimilarlo. En “Música” (Una novela corta de Mishima) se narra la historia de una mujer que, desesperada, recurre a un psicoanalista porque no puede escuchar los sonidos de la música; es interesante notar que este se comporta como una curiosa mezcla entre psiquiatra (Con amplio vocabulario psicoanalítico), Chaman Shintoista (Religión animista tradicional), sacerdote Budista y Sherlock Holmes.
Del corpus general que compone su actividad artística y existencia pública, considero de sumo interés recortar algunos aspectos: su publicitado narcisismo, el interés por las imágenes y las superficies espejadas y el acto con que da fin a su vida: el Seppuku.
Todos estos aspectos aparecen imbricados bajo el poderoso tejido de las estructuras perversas, especialmente aquellos aspectos que no duda en mostrar: homosexualidad, fetichismo, sadismo, etc. Un texto temprano, escrito a los 23 años, “Confesiones de una máscara” es considerada por el autor como la primera autobiografía. Esta novela narra el drama de un niño-adolescente que despierta al sexo con terribles fantasías sádicas, para hallarse distinto a todos sus amigos antes los cuales simula interesarse por las mujeres mientras sólo le atrae el cuerpo de otros hombres. Intenta convencerse de que está enamorado de la hermana de un amigo, esperanza que desaparece cuando, en compañía de ella, ve, en un baile, unos muchachos musculosos y se siente profundamente excitado por el mechón de vello que asoma de las axilas de uno de ellos.
Antonio Vallejo Nágera, un psiquiatra español autor de uno de los mejores textos sobre Mishima, considera demasiado perfecta la descripción: las fechas, los lugares, el autodiagnóstico y los personajes trazan un efecto de realidad; Mishima el sádico, el homosexual, el fetichista... ¿Una máscara?
Los testimonios post mortem de su madre, su esposa, sus amigos, dos psiquiatras que lo atendieron, parecen contradecir lo dicho por el propio autor, es necesario señalar que la homosexualidad no recibe ni una condena explícita, ni se considera en Japón vergonzosa para el que la practica: Hagakure, un estricto manual moral para uso de los guerreros, la considera como no reprobable en la juventud y en tiempos de guerra. La condición es que aquel que la practica se case y tenga hijos... y que no se mezcle con hombres de condición social inferior.
En una escena de “Confesiones de una máscara”, el personaje eyacula espontáneamente (Sin mediar masturbación) ante una fotografía del “San Sebastián” de Guido Reni. En “Colores prohibidos” una novela menor en su producción, describe con “Frialdad quirúrgica” el mundo “Gay” en el Tokio de post guerra. Para escribir esta novela acude asiduamente a cabaretes y bares de homosexuales junto con sus amigos, a los cuales no parece extrañar esta situación: consideran que se encuentra investigando para su nueva producción.
Si consideramos algunos aspectos de la vida y obra de Mishima veremos en él la estructura perversa no manifiesta que subyace a sus dichos: a través de un desbordado exhibicionismo convence al espectador de su “Perversión manifiesta”, pero, al mismo tiempo oculta rasgos no manifiestos que lo ubican en esta misma estructura: un juego de luces y oscuridad que conoce muy bien del maestro Kabuki (Teatro tradicional japonés); en oposición al actor que representa el drama, existe otro, llamado a actuar su no presencia, el Bunraku (Actor que viste de negro y se encarga de ciertos efectos de iluminación y utilería. Un Bunraku es considerado un gran actor cuando menos se pueda percibir su presencia en el escenario). Como si se tratara de un verdadero Bunraku, las estructuras perversas de Mishima parecen actuar, constantemente, su no presencia. Se ha dicho que “El neurótico sueña lo que el perverso hará”. Mishima se exhibe continuamente: posa desnudo con las joyas de su esposa, se fotografía imitando “El martirio de San Sebastián”, canta a dúo con el famoso travestí Akihiro Maruyama, actúa en una película erótica, se suicida frente a las cámaras de TV para defender la unidad del Emperador... Para descubrir el hombre tras la máscara será necesario recurrir al relato biográfico.
Me limitaré a describir tres personajes influyentes en su infancia y un cuarto no presente.
Su padre es un empleado de ministerio descendiente de una familia burguesa salida del campesinado en el siglo XIX. Es un personaje distante y poco cariñoso preferiría ver a su hijo convertido en funcionario antes que artista.
Su madre presenta contornos más nítidos. Nacida de una familia de pedagogos confucianos, fue privada de su hijo, aún muy pequeño, que pasó a manos de su abuela paterna.
Pensando en ella, a los 33 años (Edad tardía para el matrimonio), Mishima recurre a una intermediaria que, siguiendo la antigua usanza, le consigue una mujer digna de él, para que aquella madre (A la que erróneamente creía enferma de cáncer) no tuviese que morir sin ver asegurada la continuación del linaje.
La abuela, una aristócrata venida a menos, nacida de una familia de samuráis, bisnieta de un Daymo (Príncipe), emparentada con la Dinastía Tokugawa, era una criatura enfermiza e histérica; el niño Mishima dormía en la misma habitación de la abuela a la que asistía en sus crisis, vendaba sus llagas y la guiaba al baño. Ésta lo vestía de niña y lo llevaba a las funciones rituales de No y Kabuki. La sensación de extrañeza que acompaña a Mishima durante toda su infancia es consecuencia de este precoz contacto con la enfermedad física y mental: es celosa y locamente amado y corresponde a este amor: “A los ocho años tenía una enamorada de sesenta”, escribía mucho tiempo después.
El cuarto personaje es su hermana, ausente en su obre y de la que existe apenas una mención en una de sus biografías. Esta hermana, muerta de tifus en plena adolescencia de Mishima (Tenía 16 años), constituye, al decir del autor, un dolor mucho mayor que la guerra.
En “Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci” Sigmund Freud señala la identificación con el ideal de YO materno presente en Leonardo: “En todos los homosexuales sometidos al análisis se descubre un importantísimo enlace infantil, de carácter erótico y olvidado después por el individuo, a un sujeto femenino, generalmente a la madre; enlace provocado o favorecido por la excesiva ternura de la misma y apoyado después por un alejamiento del padre de la vida infantil del hijo.”
Una abuela en clara seducción, una madre que, respetando los preceptos confucianos, entrega a su hijo al cuidado de la abuela, la figura desdibujada del padre (Atenta al modelo japonés que delegaba la crianza en la mujer), el recuerdo fresco de la muerte de la hermana... sobre este trasfondo se recorta la silueta de la perversión en Mishima. En el texto citado Freud señala que “El niño reprime el amor a su madre, sustituyéndose a ella; esto es, identificándose con ella y tomando como modelo si propia persona a cuya semejanza escoge sus nuevos objetos eróticos (···) decimos entonces que encuentra sus objetos eróticos por el camino del narcisismo”. El tabú del incesto, presente en todas las culturas, impide al niño la concreción del mismo; la madre objeto sexual durante el complejo de Edipo, es abandonada como tal a partir de la amenaza de la castración. ¿Qué sucede si esa genitalidad del niño es despertada tempranamente por la seducción y la estimulación externa? Como sugiere Marguerite Youcenar en “Mishima o la visión del vacío” La seducción de la abuela fue en la vida del autor de gran importancia para desarrollar ese sentimiento de extrañeza que lo acompañará toda su vida.
Mishima trascurre los años de escuela elemental en el Gakushuin (Colegio Imperial de los Nobles); tímido y asustadizo, convertido en un niño afeminado y débil, es rechazado por sus compañeros y profesores: “No soy ni precoz ni genio, sólo un engendro desagradable (···) me he ido convirtiendo en un ser raro y desapegado de todo y de todos (···)” dirá de sí mismo.
Es muy interesante el relato que hace del que llama “Su primer recuerdo conciente”, a los cuatro años de edad. El primer encuentro con la expresión anatómica de la genitalidad ocurre al advertir el abultamiento genital de un recogedor de excrementos (Individuos que retiran todas las noches los depósitos de excrementos de las casas que no tenían red cloacal). Esta asociación coprofílica se orienta, muy tempranamente hacia el olor del sudor: “Otro recuerdo es el olor del sudor, un olor que despertaba mis deseos, más fuertes que yo”. Más adelante señala que “Es necesario señalar que el olor, a esta edad, no tenía la menor relación con sensaciones sexuales, pero tenaz y gradualmente fue despertando mi apetencia sensual (···)”.
A los doce años, siente la primera atracción sexual durante la clase de gimnasia al percibir en un compañero mayor, la aparición del vello axilar. Omi (El adolescente por el cual se siente atraído) resulta muy parecido en su descripción a Morita, el joven que se practicaría el Seppuku junto a Mishima, muchos años después. Esta marcada similitud despertará las suspicacias de sus contemporáneos que consideraban el Seppuku de ambos como Shinju (Suicidio de amantes). Dice el autor: “Sin duda fue la vista del pelo bajo la axila de Omi, lo que convirtió el sobaco en un fetiche para mi”.
El fetichismo se presenta como una desviación con respecto al objeto; en “Tres ensayos” Freud nos dice: “El sustitutivo del objeto sexual es, en general, una parte del cuerpo muy poco apropiada para fines sexuales (Los pies o el cabello) o un objeto inanimado que está en visible relación con la persona sexual, y especialmente con la sexualidad de la misma (Prendas de vestir, ropa blanca)”, y agrega posteriormente: “En la elección del fetiche se demuestra (···) la influencia continuada de una intimidación sexual experimentada, la mayor parte de las veces, en la primera infancia, fenómeno comparable a la proverbial capacidad de perdurar del primer amor en los normales”. Las citas de Freud nos remiten una vez más a la extraña relación de Mishima con su abuela.
Si volviéramos la mirada hacia el concepto de pulsión veremos como Freud distingue en “Las pulsiones y sus destinos” dos tipos bien definidos: pulsiones del YO (O de conservación) y pulsiones sexuales. Éstas últimas son numerosas, proceden de múltiples fuentes orgánicas, su objeto es contingente y su meta, la satisfacción pulsional. Presentan cuatro destinos posibles: sublimación, negación, transformación en lo contrario y orientación hacia la propia persona, de estas, nos interesan particularmente las dos últimas. La transformación en lo contrario presenta dos procesos: transición de lo activo a lo pasivo y transformación del contenido. La transición activo-pasivo se representa en el pasaje del atormentar (Fantasías masoquistas en la adultez). En vez de realizar sus sueños neuróticos en actos perversos, Mishima transita un término medio: representa, filma, actúa, se fotografía. Uno de los documentos más interesantes al respecto es la fotografía realizada por Kishin Shinoyama en 1966, en la que Mishima posa encarnando al “San Sebastián” del pintor Guido Reni. El San Sebastián de Mishima es una muestra más de que está actuando lo que escribe (Recordar la escena de la eyaculación frente al cuadro en “Confesiones”) la mayoría de los comentaristas señala que el “San Sebastián” de Reni ha sido durante muchos años un fetiche de los homosexuales... Pero pocos captan el sentido de las diferencias que introduce Mishima en su composición; en la fotografía hallamos tres flechas en lugar de las dos del cuadro, todas están manando sangre (Las del cuadro no); la flecha de la región subaxilar (Cuadro) se traslada al centro de la axila; una tercera flecha se aloja en la parte inferior del abdomen; la flexión de la cabeza es distinta, también la colocación de las manos, como nada en Mishima es casual debemos interpretar estas “Diferencias”; la sangre es necesaria pues su estética heroica de la muerte se sustenta en el valor de ella; además, como nos dice el protagonista de “La casa de Kyoto”,: “La sangre manando del cuerpo es un testimonio sin par de la conjunción entre lo interno y lo externo”. La tercera flecha señala el sitio por el cual habrá de comenzar Seppuku cuatro años después; la flecha desplazada hacia la axila encierra dos sentidos: rememora su temprano fetichismo con el sobaco como zona erógena y, casualmente, marca el número uno del canal del corazón (Gyokusen) en la medicina acupuntural japonesa. Shin, el corazón es, al mismo tiempo el órgano y la mente-espíritu. Gyokusen señala un desequilibrio del corazón y de la mente; al volverse doloroso, alerta sobre muerte inminente por paro cardíaco, o advenimiento de la muerte del espíritu, la locura: de más está decir que todo esto, Mishima lo sabe.
La posición de la cabeza varía, mirando hacia las ataduras de las manos, que son perfectamente visibles: en la literatura e imágenes sado-masoquistas las ataduras y ligaduras remplazan a las escenas de flagelación.
El deseo y la excitación al ver cuerpos masculinos se transforma en lo contrario: al ser mirado (Pasivo) reemplaza al mirar (Activo), desea formar su cuerpo y exhibirlo: a los 33 años, recién casado, se embarca en un estrictísimo entrenamiento atlético: practica boxeo, kendo, karate, equitación y físicoculturismo.
Dice de sí mismo: “Me amargaba el hecho de que sólo mi espíritu invisible, fuese capaz de crear visiones tangibles de belleza, ¿Por qué no podía convertirme a mi mismo en algo esencialmente hermoso que valiese la pena mirar?, para ello precisaba transformar mi cuerpo. Cuando el fin lo hube logrado me entró el ansia de mostrárselo a todos, de exhibirlo ante todas las miradas. (Prólogo a “Exposición postura en vida”).
La obsesión narcisista por la propia imagen aporta dos direcciones complementarias: verse y ser visto. El espejo es para los japoneses algo más que un instrumento de vanidad; es un medio para la meditación y el autoconocimiento. Las tres joyas o salvaguardas imperiales son aún hoy: la joya (Representa a Amaterasu, Diosa del sol), la espada representa el poder de las armas y el espejo la fascinación del autoconocimiento, la transparencia mental.
Los psiquiatras japoneses describen una variante de las vivencias de disuasión del YO propias del esquizofrénico; el intento constante por identificarse en el espejo, no reconociéndose en él. Esta tendencia a la contemplación la denominan “Síndrome del espejo”.
Exposiciones fotográficas, películas, teatro kabuki, reiteradas autobiografías son la visualización de un YO patológico dando rienda suelta a sus tendencias morbosas: una versión posible del síndrome del espejo, lo que parece producirse en Mishima es una cierta angustia narcisista, centralizada en la fragmentación y el vacío, que intenta combatir con todos los medios que el arte le proporciona.
Hay en él un marcado tedio de vivir, una profunda sensación de inadecuación que lo deja sólo. Esta soledad poco tiene que ver con la timidez o la dificultad para establecer relaciones. Casi al fin de su vida comenta: “Estoy al borde de la incomunicación”. Al no “Sentir” necesita corroborar su existencia “Viéndola”, condena de narciso ahogándose en su propia imagen. Un personaje de sus novelas dirá: “Ante el espejo sé que existo”. Hay un trasfondo desesperado en el intento de comprobar su existencia. Osamu, el actor de teatro enfermo de tedio de su novela “La casa de Kyoto” recibe la constatación de su propia existencia al recibir una pequeña herida por parte de su amante: “Nunca había tenido una verificación de su existir tan vigorosa como este relámpago de dolor, era dolor necesario lo que estaba necesitando”.
Dolor, placer, muerte configuran la base del cuadro narcisista que aqueja a Mishima. En “Las pulsiones y sus destinos” Freud define: “Nos hemos acostumbrado a denominar narcisismo a la temprana fase del YO, durante la cual se satisfacen autoeroticamente las pulsiones sexuales del mismo”. En la exhibición pública, busca el autor esa imagen de si que restituya la identidad como sujeto; pero amarse a si mismo, no es en Mishima un amor correspondido.
Las menciones a la relación entre su “nuevo cuerpo” y la muerte son muchas como para pasarlas por alto. En uno de sus tantos “autoanálisis” dice: “Además de buscar la armonía de una mens sana in corpore sano… desde mi infancia siento en mí un impulso romántico hacia la muerte; pero un tipo de muerte que requiere como su vehículo un cuerpo de perfección clásica… una figura trágica y poderosa con músculos esculturales es requisito indispensable para una muerte noble y romántica”. Esta confesión es de suma importancia para comprender aspectos de su futura muerte y porque la eludió en el pasado (Mishima fue convocado para morir como Kamikaze. Acudió asustado y en plena somatización febril, por lo cual no fue aceptado). En “Confesiones de una máscara” describe este episodio: “En cuanto me perdieron de vista desde la puerta del cuartel, salí corriendo (···) comprendí claramente que en mi vida futura jamás alcanzaría niveles de gloria que pudiesen justificar haber escapado a la muerte en el ejército”. El seppuku a los 45 años puede considerarse un sustituto tardío pero honorable de esta muerte gloriosa que esquivó de joven.
En “Sol y acero”, intenta una explicación del culto al cuerpo que profesa, justificando al mismo tiempo no haber cumplido con su deber patriótico y la entrega al físicoculturismo: “··· Toda confrontación con la muerte y una carne flácida me parecía un absurdo (···) en resumen, me faltaban los músculos acerados para una muerte romántica”. Durante una entrevista periodística dirá: “Trabajo tanto en el gimnasio porque pienso en morir pronto y quiero fabricarme un hermoso cadáver… lo digo medio en broma”. Citando a Freud “El YO es ante todo un YO corporal, no sólo una esencia-superficie sino él mismo, la proyección de una superficie”, este concepto nos permite comprender el papel de la mirada y del espejo: un espejo de doble faz que forma su superficie desde el sentimiento corporal y al mismo tiempo crea su imagen. Esta imagen sólo la puede crear con los auspicios de la mirada que lo hace testigo de la forma del semejante.
Mishima anuncia muchas su intención de suicidarse, su placer por verse retratado se traduce en una curiosa “exposición funeraria en vida”; muchas de estas fotografías lo muestran casi desnudo blandiendo la katana que utilizaría para abrirse el vientre. Actúa en la película “El rito del amor y la muerte” donde encarna al teniente Takeyama que se realiza un seppuku. (el guión se basa en su cuento “Patriotismo” inspirada en la religión de los oficiales en 1936 pidiendo que el Emperador volviera a reconocer su origen divino). La banda de tela (Hochimaki) que utiliza en las fotografías y que su personaje lleva en la película (tiene escrito en kanjis “Vive siete vidas para mejor servir a la patria”), es la misma que utilizará al tomar de asalto el cuartel general del ejército, secuestrar al generar Mishima y luego autoinmolarse.
Las implicancias políticas del seppuku de Mishima son mucho menos importantes que su significación psicológica. Me permito resumir este trasfondo político en unas pocas consideraciones:
1- Mishima funda un ejército privado para defender al Emperador: el Tatenokay o ejército del escudo.
2- La función de este grupo paramilitar es restituir al Emperador en el sitial que había perdido tras renunciar a su divinidad, al finalizar la segunda guerra mundial.
3- El autor no acepta literalmente la divinidad del Emperador, sin embargo, le reprocha haber renunciado a ella: es el símbolo y síntesis de la cultura nipona. Dice: “Con la deformación de la institución imperial Japón ha perdido su alma”.
4- Esta deformación arranca en el período de la restauración Meiji (Siglo XIX) cuando se destruye a la casta de los Samuraís. La rebelión de la “Liga del viento divino” contra los edictos del Emperador y la sublevación de 1936 son los modelos de la muerte gloriosa por el espíritu perdido del Japón tradicional.
¿Qué esconden estas racionalizaciones que culminan con el episodio del 25 de noviembre de 1970?
Durante la segunda guerra, Mishima tuvo dos contactos con la divinidad del Emperador Hiroito. La primera en la entrega de premios al mejor estudiante de la escuela de los nobles. La segunda, ya la hemos descrito: como escapa a la muerte al evitar su incorporación como kamikaze.
Como hemos señalado, la figura del padre es conflictiva es Mishima. El padre es una figura a quien asusta que su hijo se incline por la literatura. En “Confesiones de una máscara” se menciona al padre destrozando furioso los escritos de su hijo. El cuadro se completa con la madre que asiste angustiada pero sin poder hacer nada y el niño que permanece impasible esta situación genera una superposición de máscaras: una para el padre, otra para la madre y una última para la abuela.
Cuando Mishima, joven escritor, intenta abandonar el puesto que tiene junto a su padre en el ministerio de hacienda; este le hace prometer que será el mejor escritor del país. El joven lo promete y lo hará.
Mishima está dividido por la necesidad de satisfacer a dos padres: el biológico, al que logra complacer, y el Emperador, al que ha traicionado al no morir por él.
En “Narcisismo de vida, narcisismo de muerte”, André Green recorre las distintas versiones del mito de Narciso. En la versión de Ovidio, Narciso es hijo del Río Cefiso y de la ninfa Liriope. La ninfa eco se enamora de él pero es rechazada. Narciso se deja morir prendado de una imagen que ve en el agua y no reconoce como propia. Se enamora de la imagen paterna y rechaza a la imagen de lo femenino, la madre. En la versión Boecia, es amado por un joven al que rechaza; le regala una espada que éste utiliza para suicidarse. Narciso reconoce haber perdido su objeto de amor y también se mata.
En pausanias, tiene una hermana gemela que muere. El duelo lo lleva a reencontrar en su imagen el rostro de la hermana muerta. Una cuarta versión del mito, la da el escritor inglés Oscar Wilde en un pequeño relato llamado “El discípulo”: A la muerte de Narciso, el estanque que era si gozo se transforma en saladas lágrimas, las ninfas intentan darle consuelo: “No nos sorprende que lamentas así a Narciso, con lo hermoso que era”. El estanque se sorprende y pregunta si Narciso era hermoso. A lo que las ninfas contestan qué cómo no podía saberlo, si Narciso las abandonaba para contemplar su belleza en el estanque. A lo cual el estanque contestó: “Pero yo amaba a Narciso porque, cuando se acostaba a mi lado y se inclinaba sobre mi, en sus ojos mi propia belleza veía reflejada”.
En las dos primeras versiones rechaza el amor heterosexual y homosexual para amarse a si mismo; en la tercera ama a su mitad como a si mismo; en la versión de Wilde, Narciso es solo la superficie espejada en que otro narcisista se observa a si mismo.
Mishima complace a su padre convirtiéndose es el más grande de los escritores japoneses, e intenta aplacar la ira del Dios-Padre-Emperador (El Mikado descrito por Freud en “Tótem y Tabú”), padre cruel al que es necesario satisfacer con la sangre que no vertió al eludir el destino de “Viento Divino” (Kamikaze).
Mishima participa de las cuatro versiones del mito: satisface a su padre volviéndose sobre su propia imagen; anula su homosexualidad latente, amándose y odiándose a si mismo; construye una imagen cual hermafrodita en la relación con su madre, hermana y abuela. Desde la mirada de ese padre narcisista que es el Emperador al que reclama volver a ser Dios.
Como un espejo, su narcisismo se duplica una y otra vez: dos padres a los que servir (Azuma, su padre biológico e Hiroito, dios-padre), dos madres a quienes amar (su madre biológica y su abuela), dos “hermanas” (la que muere, y el mismo vestido de mujer por su abuela); incluso la instancia final, Morita, imagen de Mishima joven que debió dar su vida por el Emperador y el propio Mishima con 45 años, haciendo lo que debió hacer.

Bibliografía:

· J. A. Vallejo- Nágera. Mishima o el placer de morir. Ed. Planeta Barcelona 1987.
· Marguerite Youcenar. Mishima o la visión del vacío. Seix Barral. Barcelona 1985.
· Jack Seward. Harakiri (Ritual suicida japonés). Eyras S.A. Madrid 1988.
· Raymond Thomas. El zen y las artes japonesas. Visión Libros. Barcelona 1986.
· Luis Gregorich. Literatura y homosexualidad. Legasa. Bs. As. 1985.
· Sigmund Freud. Obras completas. Losada Bs. As. 1992.
· André Green. Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Amorrupto. Bs. As. 1986.
· Laplanche - Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Paidos Bs. As. 1996.
· Otto Fenichel. Teoría Psicoanalítica de las neurosis. Paidos Bs. As. 1966.